Cuando tenía veinte años, intentaba descubrir quién era. Estaba en la universidad, pensando en qué tipo de trabajo quería y, sobre todo —si soy sincero—, pensaba en cómo hacerme empleable. ¿Cómo podía venderme a un empleador? ¿Cómo podía parecer un candidato atractivo para competir con gente que tenía mejores notas o habilidades distintas?
1. La máquina clasificadora de mil millones de dólares
La idea que tenía entonces era sencilla: si consigo encontrar el trabajo que mejor encaja con mi personalidad, y si logro convencer a un empleador de que soy esa persona, tendré más posibilidades de que me contraten.
Esa idea tan simple es la razón por la que hoy los test de personalidad son una industria de miles de millones de dólares.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Katharine Cook Briggs e Isabel Briggs Myers quisieron desarrollar un sistema que empresas e instituciones pudieran usar para clasificar a los candidatos civiles en los puestos donde, según ellas, encajarían mejor. Se vendió a las organizaciones como una máquina clasificadora: ¿Dónde encajas? ¿Dónde te colocamos? ¿Qué rol, qué departamento, qué escritorio? ¿Encajas en nuestra empresa según si eres introvertido o extrovertido, intuitivo o sensorial, sentimental o racional, juzgador o perceptivo?
Empresas de todo el mundo gastan millones cada año en test de personalidad durante sus procesos de contratación.
Y creo que nos hemos confundido por completo acerca de lo que hacen estas pruebas.
Un test de personalidad solo describe cómo apareces y cómo te presentas ante el mundo exterior. Le dice a un empleador cómo te ves en la superficie. No describe tu carácter.
2. La personalidad es una apariencia; el carácter, una virtud
La personalidad es, en muchos sentidos, algo extrovertido. Es lo que las cosas parecen por fuera en comparación con los demás.
¿Apareces sociable o callado? ¿Tímido o seguro de ti mismo? ¿Creativo y abierto a nuevas ideas, o tradicional? ¿Emocional o lógico?
Se basa en la comparación y la competencia. Encaja directamente en una lógica de mercado en la que ordenamos y clasificamos a los seres humanos según cómo su imagen se compara con la de quienes los rodean. Y ese enfoque en la apariencia nos distrae de la persona que hay debajo.
Lo que necesitamos saber cuando trabajamos con alguien no es cómo se ve ni cómo aparenta ser. Necesitamos saber si tiene buen carácter.
En la antigua Grecia se hablaba del carácter en términos de virtudes. Virtudes como la curiosidad, la honestidad, la amabilidad, la laboriosidad y la ambición. Son cualidades introvertidas: rasgos internos. No puedes verlas de un vistazo al otro lado de una mesa de reuniones.
Pensemos en la contratación. Solemos decir que queremos a alguien «vivaz» y extrovertido para el equipo. Pero lo vivaz es una imagen. Es una voz animada en una reunión de primera hora y una sonrisa cálida junto a la cafetera. Alguien puede ser vivaz y aun así decirle a un cliente lo que quiere oír en lugar de lo que es verdad. Alguien puede parecer brillante en una entrevista y, en cuanto se cierra la puerta, tomar atajos por pereza, hacer trampas y atribuirse el trabajo de los demás. Alguien puede parecer extrovertido en la oficina y luego llegar a casa y correr todas las cortinas porque está completamente desbordado de tanto actuar todo el día.
Cuando sales con alguien, ves exactamente lo mismo. ¿Quieres salir con una persona agradable o con una persona buena?
Lo agradable es una apariencia. Agradable es sujetarte la puerta, halagar tu camisa y sonreír en la cena. Son modales sociales simpáticos, pero fáciles de interpretar cuando quieres caer bien. La bondad es una virtud interior. Bondad es quedarse junto a una cama de hospital cuando alguien está enfermo. Bondad es cumplir una promesa un martes por la tarde, cuando estás agotado y cumplirla te cuesta algo.
Lo agradable es cómo se presenta alguien. La bondad es quién es alguien.
3. La mentira de la atención al cliente y la sensación de no ser empleable
Esta obsesión con la personalidad hace un daño real, porque mucha gente crece sintiendo que tiene la personalidad equivocada.
Te haces un test, obtienes cuatro letras como INFP o INTP y piensas: «Nadie va a querer contratar nunca a alguien como yo. No tengo la personalidad adecuada». Te sientes obligado a presentar y vender una versión falsa de ti mismo solo para conseguir una entrevista.
A mí me pasó exactamente eso.
Cuando solicité un puesto de atención al cliente creyendo que era INFJ, mi primer pensamiento fue: tengo que mentir. Tengo que convencer a esta gente de que soy extrovertido durante los próximos sesenta minutos. Tengo que fingir ser más sociable, más encantador, alguien a quien le encanta estar al teléfono todo el día y trabajar en un cubículo abierto y ruidoso con el sonido rebotando en cada pared.
Hemos construido un sistema que recompensa a las personas por ser inauténticas.
Y luego los empleadores se dan la vuelta y se quejan de ello. Las empresas gastan millones en test MBTI y en reclutamiento, solo para descubrir que el candidato que sonreía durante la entrevista es una persona completamente distinta cuando por fin aparece un lunes por la mañana. El empleador se siente molesto y se pregunta dónde se equivocó el reclutador, mientras el empleado se sienta en su escritorio sintiéndose agotado por mantener una máscara.
4. Cómo descubrir el carácter real sin currículums
Si los currículums y las entrevistas de una hora solo ponen a prueba lo bien que alguien interpreta una imagen, ¿cómo encontramos el carácter de verdad?
La respuesta no está en pedirle a alguien que envíe un currículum o que hable de sí mismo durante una hora. Hay tres formas prácticas de descubrir el carácter:
- Pide lecciones de vida reales: quieres saber cómo es una persona cuando está bajo presión, cuando se le escapa una fecha límite o cuando cometió un error de verdad en el trabajo. ¿Qué salió mal? ¿Qué hizo al respecto? ¿Cómo mejoró? Eso te muestra su carácter.
- Apóyate en referencias y recomendaciones: hablar con un antiguo compañero de equipo, un amigo o un profesor suele decirte mucho más que hablar directamente con el candidato. Alguien que haya trabajado con esa persona puede decirte: «Esto es lo que hace cuando el proyecto se complica. Aquí es donde tiene talento y aquí es donde necesita apoyo».
- Haz una prueba práctica: invítala a trabajar en un proyecto real con el equipo durante unos días. Observa cómo aborda la tarea, cómo colabora y cómo maneja las críticas en el entorno real.
El entorno influye en la personalidad. Una persona puede mostrarse de una manera en una entrevista artificial y de forma completamente distinta en un entorno de trabajo real. Una prueba práctica te permite ver lo que realmente hace.
5. Mirar bajo la máscara
Esta distinción entre la apariencia superficial y el carácter interior es la razón por la que escribí mi nuevo libro, Why I Love.
Quiero que la gente mire bajo la máscara y bajo la superficie. Es fácil dejarse atrapar por los tipos de personalidad: usarlos para encontrar una cita en una app, para hacer amigos en redes sociales o para explicarte cuando alguien te pregunta quién eres.
Cuando das un paso más hacia dentro, dejas de preguntarte cómo apareces ante los demás. Te sientas y te preguntas:
- ¿Qué amo y me importa de verdad en mi vida?
- ¿Qué es algo que amo de mí mismo?
- ¿Qué es algo que amo de otras personas?
- ¿Qué es algo que amo de vivir?
Cuando conectas con esos valores más profundos, pregúntate: ¿cómo me presento por estas cosas? ¿Cómo me hablo cuando cometo un error? ¿Cómo trato a las personas que me importan? ¿Cómo trato un proyecto que es importante para mí?
Al saber eso, descubres quién eres como ser humano. No cómo apareces ante los demás, no cómo compites con otra gente, sino quién eres por dentro.
Aunque seas introvertido, aunque te cueste venderte o hablar delante de una sala llena de gente, tienes cualidades, rasgos y habilidades internas que son de vital importancia para un equipo, un grupo de amigos o una pareja. Cuando dejas de preocuparte por tener una personalidad carismática, puedes empezar a mostrarte tal como eres.
Reflexionando sobre la personalidad y el carácter
¿Alguna vez te has sentido obligado a fingir una personalidad distinta solo para que te contrataran o para encajar en el trabajo? ¿Y cuál es esa cualidad o virtud interior que ningún currículum capta, pero que marca una diferencia real en lo que haces?


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